jueves, 30 de octubre de 2008

"Violencia machista"

Diariamente, podemos observar en los medios de comunicación noticias sobre “violencia machista”, un término que se ha extendido en toda la sociedad para denominar al hecho de que el hombre maltrate a una mujer. Es un término adherido a nuestro vocabulario diario para denominar a tal penoso hecho, pero que se puede quedar corto.
Se define el machismo según la RAE como la actitud de prepotencia del hombre hacia la mujer. De acuerdo a esta definición, el término “violencia machista” no acaba de ser del todo correcto. El porqué lo encontramos en el trasfondo de tal hecho.


El hombre no sólo maltrata a la mujer por la superioridad aparente que quiere manifestar, sino que también obedece a la inseguridad en su carácter, derivada de la envidia y los celos a que una mujer presente mejores aptitudes que él en ámbitos en los que el varón tradicionalmente ha tenido más notoriedad o ha estado como cabeza visible ante determinadas situaciones en las que ahora, la mujer, avanza y adquiere importancia como persona, no como sexo débil según las consideraciones tradicionales, para nada ciertas.


Lejos de la resignación o la “competitividad sana” entre ambos sexos, y aún más lejos de tratarse como personas que somos, el hombre adopta una postura penosa, lamentable, con el consiguiente maltrato ya conocido por todos y que muy de actualidad está, el cual ha permanecido oculto al público siempre. La violencia de género, llamada así porque a pesar de que el varón la practica mayoritariamente, también ha habido casos, minoritarios, en los que la mujer la ha puesto en práctica, es un tema peliagudo, en el que cualquier opinión puede malinterpretarse y ser utilizada en contra de lo que inicialmente se pretendía decir.


Así, por ello mismo, la única aclaración que pretende hacer este escrito es expresar que el término “violencia machista” es erróneo, en mi opinión, porque se queda escueto para calificar estos hechos deleznables que no encierran más que actitudes impropias de seres que hacemos gala de nuestra capacidad de hablar y entendernos.

Bajo este criterio, más corto desde luego es el ser humano, que utiliza la violencia para imponer su criterio cuando tenemos la mejor arma posible, la palabra y, en algunos casos, hasta raciocinio.

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