miércoles, 10 de diciembre de 2008

El desvanecimiento de la universidad

El debate en el ámbito universitario está abierto. Se decide entre seguir siendo un espacio abierto a la educación, a la cultura, las relaciones humanas y el debate o, ser un lugar en el que primen las directrices que rigen el mercado.
Si hay algo criticable en las universidades españolas, que nos hace estar atrasados respecto a otros países y, en lo que coincidimos la gran mayoría de miembros es la escasa relación entre lo estudiado y lo puesto en práctica o trabajado. Una distancia entre la vida real y la estudiantil, muy acentuada en carreras con eminente carácter práctico que se ven desde una perspectiva copiosamente teórica (informática, telecomunicaciones, ADE, etc.). Una situación que puede solucionarse como hasta ahora, pero haciendo las cosas bien. Es decir, con fondos públicos, con inversiones concretas, con mayor implicación gubernamental en las políticas educacionales, con una adaptación progresiva al mercado sin dejar de lado el sentir y la esencia de la universidad como grupo humano, como colectivo culto, responsable, con sus diferencias pero respetuosos, inconformista y ambicioso, alegre, innovador, donde a parte de ideologías políticas lo importante son los deseos de cambiar la realidad, sobre todo de aquellas personas que la quieren cambiar para progresar.

Sin embargo, los acontecimientos no dejan claro que el papel de la universidad se mantenga como hasta ahora. Las empresas influyentes, grandes, fuertes, pretenden invertir, destinar o gastar dinero en la universidad. Estas empresas, sin olvidar que están formadas por personas, que un día pertenecieron a la universidad y que el paso del tiempo y las responsabilidades han hecho fijar sus objetivos personales y profesionales en otros horizontes, que gozan de una posición privilegiada actualmente, influyentes y que ponderan por encima de todo la supervivencia de su negocio.

A cambio, exigirán contraprestaciones, sitio en el campus, en las aulas, en los programas académicos, dando lugar a una pérdida progresiva de la multiculturalidad de la universidad como espacio libre y soñador, donde primen resultados y rentabilidad, la universidad será miembro del capitalismo, relegándose a sus exigencias.


Los gobiernos perderán la oportunidad de hacer las cosas bien por una vez en este país, en una de las mejores inversiones que puede realizar una sociedad, en un valor seguro, de futuro, como es la educación.

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